Galletas de maicena y leche condensada

Galletas suaves de maicena y leche condensada, delicadas, fáciles y perfectas para una merienda elegante.
RECETA PASO A PASO
Ingredientes
- 200 g de maicena
- 120 g de leche condensada
- 80 g de mantequilla sin sal a temperatura ambiente
- 1 yema de huevo M
- 35 g de azúcar glas
- 1 cucharadita de extracto de vainilla
- 1 pizca fina de sal
- Ralladura fina de 1/2 limón, opcional
- 1 cucharada de maicena extra para formar las galletas si es necesario
Preparación
Batir la mantequilla blanda con el azúcar glas hasta obtener una crema lisa.
Añadir la leche condensada poco a poco y mezclar hasta integrarla por completo.
Incorporar la yema, la vainilla, la sal y la ralladura de limón si se utiliza.
Tamizar la maicena sobre la mezcla y unir con espátula hasta formar una masa suave.
Cubrir la masa y refrigerarla durante 20 minutos para que tome cuerpo.
Precalentar el horno a 170 °C y preparar una bandeja con papel de horno.
Formar bolitas de unos 15 g, colocarlas separadas en la bandeja y marcarlas suavemente con un tenedor.
Hornear durante 10-12 minutos, hasta que la base esté apenas dorada y la superficie siga clara.
Dejar reposar las galletas 8 minutos en la bandeja y después pasarlas a una rejilla para que enfríen por completo.
¡Buen provecho!
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Las galletas de maicena y leche condensada son una de esas recetas que parecen sencillas hasta que pruebas una bien hecha: delicada, lisa, apenas dorada y con una textura que se deshace en la boca sin resultar seca. En Receta Dolce nos gustan porque tienen ese punto de repostería tradicional que encaja tanto con una merienda familiar como con una mesa dulce más cuidada. No necesitan técnicas complicadas, pero sí mimo en la mezcla, en el reposo y en el horneado.
La maicena aporta una miga fina y quebradiza, mientras que la leche condensada da dulzor, cuerpo y un aroma lácteo muy reconocible. El resultado son galletas pequeñas, pálidas, elegantes y suaves, perfectas para acompañar café, té negro o una infusión de vainilla. En mi cocina, suelo hacerlas cuando quiero un dulce rápido que parezca más trabajado de lo que realmente es.
Por qué funciona esta receta
La clave está en equilibrar grasa, almidón y dulzor. La mantequilla debe estar blanda, no derretida, para integrarse con la leche condensada y formar una crema uniforme. Si la mantequilla está líquida, la masa pierde estructura y las galletas pueden extenderse demasiado en el horno. La maicena, por su parte, no desarrolla gluten como la harina de trigo, así que conviene mezclar lo justo para mantener una textura fina.
También es importante no buscar un tostado intenso. Estas galletas deben quedar claras, con la base ligeramente dorada y la superficie casi blanca. Si se hornean de más, pierden esa sensación sedosa que las hace especiales. El reposo en frío ayuda a que mantengan la forma y a que el sabor se asiente.
Ingredientes
Para unas 24 galletas pequeñas:
- 200 g de maicena
- 120 g de leche condensada
- 80 g de mantequilla sin sal, a temperatura ambiente
- 1 yema de huevo M
- 35 g de azúcar glas
- 1 cucharadita de extracto de vainilla
- 1 pizca fina de sal
- Ralladura muy fina de 1/2 limón, opcional
- 1 cucharada de maicena extra para formar las galletas si la masa se pega
Preparación paso a paso
1. Preparar la base cremosa
Coloca la mantequilla blanda en un bol amplio y bátela con el azúcar glas durante 1 o 2 minutos, hasta que esté cremosa. No hace falta montar en exceso; buscamos una textura lisa y manejable. Añade la leche condensada poco a poco, mezclando con una espátula o unas varillas manuales. Incorpora la yema, la vainilla, la sal y, si te gusta un matiz más fresco, la ralladura de limón.
2. Incorporar la maicena
Tamiza la maicena sobre la mezcla anterior. Este paso evita grumos y ayuda a conseguir una masa fina. Mezcla primero con espátula y después, si hace falta, con la mano limpia, solo hasta que la masa se una. Debe quedar suave, blanda y no pegajosa en exceso. Si notas que está demasiado húmeda, espera unos minutos antes de añadir más maicena: a veces el almidón termina de hidratarse solo.
3. Reposar la masa
Forma un disco, cúbrelo con film o con una tapa reutilizable y deja reposar la masa 20 minutos en la nevera. No buscamos endurecerla por completo, solo darle estabilidad. Mientras tanto, precalienta el horno a 170 °C con calor arriba y abajo y prepara una bandeja con papel de horno.
4. Formar las galletas
Toma porciones de unos 15 g y haz bolitas. Colócalas en la bandeja dejando un poco de separación. Aplástalas suavemente con un tenedor para marcar líneas en la superficie, o presiona el centro con el dedo para darles un aspecto más artesanal. Si la masa se pega, espolvorea el tenedor con una mínima cantidad de maicena.
5. Hornear sin dorar demasiado
Hornea durante 10-12 minutos, hasta que la base esté apenas dorada y la superficie se mantenga clara. No esperes que estén firmes al salir del horno: terminarán de asentarse al enfriar. Déjalas 8 minutos en la bandeja antes de pasarlas a una rejilla, porque recién hechas son frágiles.
Cómo saber si están perfectas
Una buena galleta de maicena y leche condensada debe romperse con facilidad, tener una mordida suave y dejar una sensación ligeramente cremosa en boca. Si queda arenosa en exceso, probablemente tuvo demasiada maicena o se horneó de más. Si queda gomosa, la masa pudo mezclarse demasiado o necesitar un par de minutos extra de horno.
El color también da pistas: busca un tono marfil, no tostado. La base puede tener un borde dorado muy suave, pero la parte superior debe conservar ese aspecto delicado de pastelería fina.
Conservación y seguridad alimentaria
Guarda las galletas completamente frías en una lata o recipiente hermético, separadas por papel si vas a apilarlas. Se conservan bien 5 o 6 días a temperatura ambiente, en un lugar seco y fresco. Si hace mucho calor, evita dejarlas cerca de ventanas o fuentes de calor, porque la mantequilla puede alterar la textura.
Como referencia práctica de seguridad alimentaria, AESAN recomienda cuidar la higiene de manos, superficies y utensilios al manipular huevos y masas. Aunque esta receta se hornea, conviene no probar la masa cruda y mantener los ingredientes refrigerados, especialmente el huevo y la mantequilla, hasta el momento de usarlos.
Variaciones elegantes
Puedes perfumarlas con naranja en lugar de limón, añadir una pizca de canela o terminar las galletas frías con un velo de azúcar glas. Para una versión más de sobremesa, baña media galleta en chocolate negro fundido y deja cristalizar sobre papel de horno. También quedan muy bien con coco rallado fino, sustituyendo 20 g de maicena por 20 g de coco.
Si quieres un acabado más pulido, pesa cada porción. Parece un detalle pequeño, pero en galletas delicadas ayuda a que todas se horneen por igual y luzcan como de obrador.
Consejo del chef
Trabaja la masa con suavidad y no añadas maicena de más al primer síntoma de humedad. El reposo corrige mucho la textura y evita que las galletas queden secas.
Preguntas frecuentes
¿Puedo hacerlas sin huevo?
Sí. Puedes omitir la yema y añadir 10-15 g más de leche condensada si la masa queda seca. La textura será algo más quebradiza, pero seguirá siendo agradable.
¿Se pueden congelar?
Sí, mejor congelar las bolitas ya formadas antes de hornear. Colócalas en una bandeja, congélalas y después pásalas a una bolsa. Hornéalas directamente congeladas, añadiendo 2 minutos al tiempo habitual.
¿Por qué se agrietan?
Unas pequeñas grietas son normales. Si se abren demasiado, puede que la masa estuviera fría en exceso, demasiado seca o que el horno estuviera más fuerte de lo indicado.
Presentación
Sírvelas en un plato de cerámica clara, con un poco de ralladura de limón muy fina o azúcar glas tamizado. Para una mesa de postres de lujo, combínalas con café corto, chocolate caliente espeso o crema inglesa ligera. Son galletas humildes en ingredientes, pero con una presencia delicada cuando se hornean con paciencia.
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