Galletas recetas del campo con miel y almendra

Galletas caseras de campo con avena, miel y almendra: doradas, aromáticas y perfectas para merienda o café.
RECETA PASO A PASO
Ingredientes
- 160 g de harina de trigo común
- 90 g de copos de avena finos
- 70 g de almendra molida
- 120 g de mantequilla sin sal a temperatura ambiente
- 85 g de azúcar moreno
- 45 g de miel suave
- 1 huevo M
- 1 cucharadita de ralladura fina de limón
- 1/2 cucharadita de canela molida
- 1/2 cucharadita de levadura química
- 1/4 cucharadita de sal fina
- 35 g de almendra laminada
- 1 cucharada de leche si la masa queda seca
Preparación
Mezcla en un cuenco la harina, los copos de avena, la almendra molida, la levadura química, la canela y la sal.
Bate la mantequilla blanda con el azúcar moreno durante 2 o 3 minutos hasta obtener una crema homogénea.
Añade la miel y la ralladura de limón, y mezcla hasta integrarlas.
Incorpora el huevo y bate lo justo, raspando los bordes del bol con una espátula.
Agrega los ingredientes secos en dos tandas y mezcla con espátula hasta formar una masa blanda y manejable.
Si la masa se desmiga demasiado, añade una cucharada de leche y mezcla solo hasta cohesionarla.
Cubre la masa y refrigérala durante 30 minutos para que tome cuerpo.
Precalienta el horno a 180 ºC con calor arriba y abajo y prepara bandejas con papel de horno.
Forma porciones de unos 24 g, haz bolitas, aplástalas ligeramente y colócalas separadas en la bandeja.
Reparte almendra laminada sobre cada galleta y presiónala suavemente para que se adhiera.
Hornea durante 12-14 minutos, hasta que los bordes estén dorados y el centro apenas firme.
Deja reposar 5 minutos en la bandeja y después pasa las galletas a una rejilla hasta que se enfríen por completo.
¡Buen provecho!
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Enfria la masa 30 minutos antes de hornear y no mezcles en exceso al incorporar la harina para lograr bordes crujientes y centro tierno.
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Hay galletas que huelen a tarde tranquila, a despensa bien surtida y a horno encendido sin prisas. Estas galletas recetas del campo con miel y almendra nacen de esa idea: una masa sencilla, con ingredientes reconocibles, textura crujiente en los bordes y un centro ligeramente tierno. No buscan ser unas cookies cargadas ni unas pastas de vitrina excesivamente delicadas, sino unas galletas caseras con presencia, de las que apetece poner en una lata bonita y servir con café, leche o una infusión.
La gracia está en combinar mantequilla, avena, almendra molida, harina de trigo y miel. La avena aporta un punto rústico y masticable; la almendra redondea el sabor; la miel deja un aroma cálido que recuerda a la repostería tradicional. En mi cocina las preparo cuando quiero un dulce elegante pero cercano, de esos que funcionan igual para una merienda familiar que para acompañar una tabla de quesos suaves y fruta fresca.
Por qué funcionan estas galletas
La masa se trabaja poco y se enfría antes de hornear. Ese reposo es importante porque la mantequilla vuelve a tomar cuerpo, la avena se hidrata ligeramente y las galletas mantienen mejor la forma. El resultado son piezas doradas, con pequeñas grietas en la superficie, almendra visible y un perfume delicado a miel y limón.
También son agradecidas porque no requieren moldes especiales. Basta con formar bolitas, aplastarlas suavemente y dejar espacio entre ellas en la bandeja. Si quieres una galleta más fina, puedes presionar un poco más la masa; si prefieres un interior más jugoso, déjalas algo más gruesas y respeta el tiempo de horno.
Ingredientes para 24 galletas
- 160 g de harina de trigo común
- 90 g de copos de avena finos
- 70 g de almendra molida
- 120 g de mantequilla sin sal, a temperatura ambiente
- 85 g de azúcar moreno
- 45 g de miel suave
- 1 huevo M
- 1 cucharadita de ralladura fina de limón
- 1/2 cucharadita de canela molida
- 1/2 cucharadita de levadura química
- 1/4 cucharadita de sal fina
- 35 g de almendra laminada
- 1 cucharada de leche, solo si la masa queda muy seca
Preparación paso a paso
1. Mezclar los secos
Pon en un cuenco la harina, los copos de avena, la almendra molida, la levadura química, la canela y la sal. Mezcla con unas varillas para repartir bien la levadura y evitar que queden zonas con más impulsor que otras. Este gesto sencillo ayuda a que todas las galletas suban y se doren de manera uniforme.
2. Cremar mantequilla, azúcar y miel
En otro bol, bate la mantequilla blanda con el azúcar moreno durante dos o tres minutos, hasta que la mezcla se vea cremosa. Añade la miel y la ralladura de limón, y mezcla de nuevo. No hace falta montar como si fuera un bizcocho; buscamos una crema homogénea, no una masa aireada en exceso.
3. Añadir el huevo
Incorpora el huevo y bate lo justo hasta integrarlo. Si la mezcla parece cortada durante unos segundos, no te preocupes: al añadir los ingredientes secos volverá a cohesionarse. Raspa los bordes del bol con una espátula para que no queden restos de mantequilla sin mezclar.
4. Formar la masa
Agrega los ingredientes secos en dos tandas y mezcla con espátula. La masa debe quedar blanda, pero manejable. Si notas que se desmiga mucho porque la avena ha absorbido demasiado líquido, añade una cucharada de leche. No conviene excederse, porque una masa demasiado húmeda se extenderá más de la cuenta en el horno.
5. Reposar en frío
Cubre el bol y deja la masa en la nevera durante 30 minutos. Este descanso marca la diferencia: intensifica el sabor y permite formar galletas más regulares. Mientras tanto, prepara dos bandejas con papel de horno y precalienta el horno a 180 ºC con calor arriba y abajo.
6. Dar forma
Toma porciones de unos 24 g, haz bolitas y colócalas separadas. Aplasta cada una ligeramente con la palma de la mano o con el fondo de un vaso. Reparte por encima la almendra laminada y presiónala con suavidad para que se adhiera. Deja al menos 4 cm entre galletas, porque crecerán un poco.
7. Hornear
Hornea una bandeja cada vez durante 12-14 minutos, hasta que los bordes estén dorados y el centro se vea apenas firme. Al salir del horno parecerán algo tiernas, pero terminarán de asentarse al enfriar. Déjalas 5 minutos en la bandeja y después pásalas a una rejilla.
Punto de cocción y textura
Si buscas galletas más crujientes, hornéalas un minuto extra y déjalas enfriar por completo antes de guardarlas. Si las prefieres más tiernas, sácalas cuando el borde esté dorado y el centro conserve un tono ligeramente más claro. La miel hace que se doren con facilidad, así que vigila la última parte del horneado.
Para una presentación más cuidada, puedes espolvorear una pizca mínima de azúcar glas justo antes de servir, aunque no es necesario. Su aspecto natural, con avena y almendra a la vista, es parte de su encanto.
Conservación
Guarda las galletas frías en una lata o recipiente hermético. Se mantienen bien 5-6 días a temperatura ambiente, lejos de humedad y calor. Si vives en una zona húmeda, añade un trocito de papel de cocina dentro de la lata y cámbialo si se ablanda. También puedes congelar la masa ya porcionada: coloca las bolitas en una bandeja, congela y después guarda en una bolsa apta. Se hornean directamente congeladas, sumando 2 minutos al tiempo.
Como referencia práctica de seguridad alimentaria, AESAN recomienda mantener una buena higiene al manipular alimentos y evitar contaminaciones cruzadas; en esta receta conviene lavarse las manos después de tocar huevo crudo y limpiar bien la superficie antes de formar las galletas.
Variaciones elegantes
Puedes sustituir 30 g de almendra molida por avellana molida para un sabor más tostado. También quedan muy bien con naranja en lugar de limón, o con una cucharada de semillas de sésamo mezclada en la masa. Si quieres un acabado más de alta pastelería, baña media galleta en chocolate negro fundido y deja cristalizar sobre papel de horno.
Para una versión menos dulce, reduce el azúcar moreno a 70 g. No conviene eliminar la miel, porque aporta sabor, humedad y color. Si usas miel intensa, como la de brezo o castaño, el resultado será más profundo; con miel de azahar quedarán más perfumadas y suaves.
Consejo del chef
Enfría siempre la masa antes de hornear y no sobrebatas al añadir la harina: así las galletas quedan tiernas por dentro, crujientes en el borde y con una forma limpia.
Cómo servirlas
Estas galletas combinan muy bien con café solo, chocolate caliente o té negro. Para un postre sencillo, sírvelas con yogur griego, compota de manzana y unas almendras tostadas. También funcionan como detalle casero para regalar: apílalas en una caja, separadas con papel vegetal, y consérvalas en un lugar fresco.
Preguntas frecuentes
¿Puedo hacerlas sin almendra?
Sí. Sustituye la almendra molida por la misma cantidad de harina de trigo y cambia la almendra laminada por copos de avena. Perderán parte del aroma, pero seguirán quedando ricas.
¿Por qué se me han extendido demasiado?
Suele pasar cuando la mantequilla está demasiado blanda, la masa no ha reposado o la bandeja entra caliente en el horno. Enfría la masa y usa siempre bandeja fría para la segunda tanda.
¿Puedo usar harina integral?
Puedes sustituir hasta la mitad de la harina por harina integral fina. La masa quedará algo más rústica y quizá necesite una cucharadita extra de leche para cohesionarse.
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