Pasteles salados de hojaldre con espinacas, queso y jamón

Pasteles salados de hojaldre con espinacas, queso manchego y jamón, crujientes por fuera y cremosos por dentro.
RECETA PASO A PASO
Ingredientes
- 2 láminas de hojaldre rectangular con mantequilla
- 250 g de espinacas frescas
- 120 g de queso crema
- 80 g de queso manchego semicurado rallado
- 90 g de jamón serrano en taquitos pequeños
- 1 cebolla pequeña muy picada
- 1 diente de ajo picado
- 1 huevo para pintar
- 1 cucharada de aceite de oliva virgen extra
- 1 cucharadita de semillas de sésamo o amapola
- 1 pizca de nuez moscada
- Pimienta negra recién molida al gusto
- Sal fina al gusto
Preparación
Lava y seca muy bien las espinacas para evitar que aporten exceso de humedad al relleno.
Calienta el aceite de oliva en una sartén y sofríe la cebolla picada durante 6 o 7 minutos, hasta que esté transparente.
Añade el ajo picado y cocina 30 segundos, removiendo para que no se queme.
Incorpora las espinacas en tandas y cocínalas 3 o 4 minutos, hasta que reduzcan su volumen.
Escurre las espinacas en un colador, presionando suavemente para retirar el líquido, y pícalas ligeramente.
Mezcla en un bol las espinacas con el queso crema, el queso manchego, el jamón serrano, la nuez moscada, la pimienta y una pizca de sal.
Extiende el hojaldre frío y corta cada lámina en 4 rectángulos iguales.
Coloca una porción de relleno en el centro de cada rectángulo, dejando borde libre para cerrar.
Dobla cada rectángulo, sella los bordes con un tenedor y haz pequeños cortes en la parte superior para que salga el vapor.
Pinta los pasteles con huevo batido y espolvorea semillas de sésamo o amapola por encima.
Hornea a 200 °C durante 22-25 minutos, hasta que el hojaldre esté dorado, inflado y crujiente.
Deja reposar 5 minutos antes de servir para que el relleno se asiente y no queme.
¡Buen provecho!
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Trabaja el hojaldre siempre frío y usa el relleno templado o frío; así las capas suben mejor y la base queda crujiente.
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Pasteles salados de hojaldre: crujientes, elegantes y muy fáciles
Los pasteles salados son una de esas recetas que siempre parecen más trabajadas de lo que realmente son. Con una lámina de hojaldre bien fría, un relleno jugoso y un horneado preciso, puedes preparar una bandeja dorada, crujiente y llena de sabor para una comida informal, una merienda elegante o un entrante de celebración. En esta versión de Receta Dolce los preparo con espinacas salteadas, queso cremoso, jamón serrano y un toque de nuez moscada, una combinación muy española que equilibra lo suave, lo salado y lo aromático.
Aunque el término “pastel” nos lleve a pensar en repostería dulce, los pasteles salados tienen un encanto especial: conservan esa presencia bonita de horno, capas y dorado perfecto, pero se sirven como bocado salado. Funcionan igual de bien recién hechos que templados, por eso son ideales cuando quieres dejar parte del trabajo adelantado sin perder textura ni presentación.
En mi cocina, esta receta suele aparecer cuando quiero algo vistoso sin complicarme demasiado. El secreto está en no sobrecargar el relleno, escurrir bien las espinacas y hornear con calor suficiente para que el hojaldre suba y quede quebradizo. Si el relleno va demasiado húmedo, el pastel queda pesado; si el hojaldre entra caliente al horno, pierde definición. Son detalles pequeños, pero marcan la diferencia.
Ingredientes para 8 pasteles salados
- 2 láminas de hojaldre rectangular, preferiblemente con mantequilla
- 250 g de espinacas frescas
- 120 g de queso crema
- 80 g de queso manchego semicurado rallado
- 90 g de jamón serrano en taquitos pequeños
- 1 cebolla pequeña, muy picada
- 1 diente de ajo picado
- 1 huevo para pintar
- 1 cucharada de aceite de oliva virgen extra
- 1 cucharadita de semillas de sésamo o amapola
- 1 pizca de nuez moscada
- Pimienta negra recién molida
- Sal fina, con moderación
Cómo preparar el relleno
Lava las espinacas y sécalas muy bien. Este paso es importante porque el exceso de agua puede humedecer el hojaldre. En una sartén amplia, calienta el aceite de oliva y sofríe la cebolla a fuego medio durante 6 o 7 minutos, hasta que quede transparente y ligeramente dulce. Añade el ajo picado y cocina 30 segundos, sin dejar que se queme.
Incorpora las espinacas en tandas. Al principio parecerán demasiadas, pero reducen enseguida. Cocínalas 3 o 4 minutos, hasta que pierdan volumen. Pásalas a un colador y presiona suavemente con una cuchara para retirar el líquido. Después, pícalas un poco para que se integren mejor en el relleno.
En un bol, mezcla las espinacas templadas con el queso crema, el queso manchego rallado, el jamón serrano, la nuez moscada y una pizca de pimienta. Prueba antes de añadir sal, porque el jamón y el queso ya aportan bastante sabor. El resultado debe ser cremoso pero no líquido, fácil de repartir con una cuchara.
Montaje de los pasteles
Extiende las láminas de hojaldre sobre papel de horno. Si están muy blandas, mételas 10 minutos en la nevera antes de cortarlas. Divide cada lámina en 4 rectángulos del mismo tamaño. Coloca una porción de relleno en el centro de cada rectángulo, dejando un borde libre de aproximadamente 1,5 cm.
Dobla cada rectángulo sobre sí mismo para formar un paquetito o una empanadilla rectangular. Presiona los bordes con los dedos y después márcalos con un tenedor. No aprietes el centro: el hojaldre necesita espacio para subir. Haz uno o dos cortes pequeños en la parte superior para que salga el vapor durante el horneado.
Bate el huevo y pinta la superficie de los pasteles. Espolvorea semillas de sésamo o amapola por encima. Si tienes tiempo, deja reposar la bandeja ya montada 15 minutos en la nevera antes de hornear; este contraste de temperatura ayuda a que el hojaldre quede más crujiente y con capas visibles.
Horneado perfecto
Precalienta el horno a 200 °C con calor arriba y abajo. Coloca los pasteles en una bandeja forrada con papel de horno, separados entre sí. Hornea durante 22-25 minutos, hasta que estén bien dorados, inflados y con la base cocida. Si ves que se doran demasiado rápido por arriba, baja la temperatura a 190 °C los últimos minutos.
Déjalos reposar 5 minutos antes de servir. El relleno estará muy caliente al salir del horno y necesita asentarse un poco. Se pueden comer calientes, templados o incluso a temperatura ambiente, aunque el punto más delicioso llega cuando el hojaldre todavía cruje y el queso conserva su cremosidad.
Ideas para servir
Estos pasteles salados quedan muy bien con una ensalada de hojas verdes, tomate aliñado y aceitunas. También puedes presentarlos como parte de una mesa de aperitivos junto a tortilla, quesos, frutos secos y una crema fría. Para una versión más de brunch, acompáñalos con huevo cocido, fruta fresca y un café largo.
Si quieres un acabado más refinado, corta cada pastel por la mitad en diagonal justo antes de servir, de forma que se vea el relleno verde y cremoso. Unas hojas pequeñas de perejil o cebollino picado aportan frescor sin tapar el sabor principal.
Variaciones deliciosas
Puedes sustituir el jamón serrano por lacón, pavo asado o incluso champiñones salteados si buscas una versión sin carne. El queso manchego puede cambiarse por idiazábal suave, emmental o un queso de cabra poco curado. Si te gusta un punto más intenso, añade una cucharadita de mostaza antigua al relleno.
Para una versión marinera, cambia el jamón por atún bien escurrido y añade pimiento rojo asado picado. Para una opción más tradicional, usa acelgas en lugar de espinacas y añade piñones tostados. Lo importante es mantener el equilibrio: el relleno debe ser sabroso, pero no tan húmedo que arruine la textura del hojaldre.
Conservación y seguridad alimentaria
Una vez fríos, guarda los pasteles salados en un recipiente hermético en la nevera durante un máximo de 2 días. Para recalentarlos, evita el microondas si quieres recuperar el crujiente: es mejor usar horno a 180 °C durante 8-10 minutos o una freidora de aire a temperatura moderada.
Como referencia práctica de seguridad alimentaria, AESAN recomienda mantener los alimentos cocinados refrigerados cuando no se consumen pronto y evitar dejarlos durante horas a temperatura ambiente, especialmente si contienen lácteos, huevo o rellenos ya cocinados. En esta receta, el queso crema, el huevo del glaseado y las espinacas cocinadas agradecen una conservación cuidadosa.
Consejo de chef
El mejor truco para que el hojaldre quede alto y crujiente es trabajar siempre con la masa fría y el relleno templado o frío. Si el relleno está caliente, derrite la mantequilla del hojaldre antes de tiempo y las capas no suben igual. También conviene no pinchar toda la superficie: basta con pequeños cortes de ventilación.
Preguntas frecuentes
¿Puedo preparar los pasteles salados con antelación?
Sí. Puedes montar los pasteles y guardarlos en la nevera, sin hornear, durante 6-8 horas. Píntalos con huevo justo antes de meterlos al horno para que el acabado sea más brillante y uniforme.
¿Se pueden congelar?
Sí, se pueden congelar antes de hornear. Colócalos separados en una bandeja hasta que estén firmes y después pásalos a una bolsa apta para congelación. Hornéalos directamente congelados, añadiendo 5-8 minutos al tiempo habitual.
¿Cómo evito que la base quede blanda?
Escurre muy bien las espinacas, no uses demasiado queso crema y hornea con el horno bien precalentado. También ayuda colocar la bandeja en la parte media-baja del horno durante los primeros 15 minutos.
Resultado final
Estos pasteles salados de hojaldre con espinacas, queso y jamón son dorados, aromáticos y muy agradecidos. Tienen el punto elegante de una receta de pastelería salada, pero con ingredientes sencillos y reconocibles. Son perfectos para compartir, fáciles de adaptar y lo bastante bonitos como para llevarlos a la mesa en una ocasión especial.
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